¿POR QUIEN DOBLARON LAS CAMPANAS?

¿POR QUIEN DOBLARON LAS CAMPANAS?

Se presentaron como funcionarios de la Dirección General de Seguridad para comunicarme que sabían que era profesor de buceo y pretendían que reuniera a un grupo de submarinistas dispuestos a rescatar los cadáveres que habían quedado en el fondo del Lago de Sanabria.

La noche del día siguiente partimos y con la primera claridad del alba nos enfrentamos al dantesco paisaje de Ribadelago arrasado por la fuerza de millones de metros cúbicos de agua que se habían llevado por delante doscientas vidas humanas.

De la pequeña iglesia tan solo quedaban en pié el campanario y la figura de un Rey Baltasar cuyo negro rostro parecía mostrar el horror que le producía el hecho de que el resto de las figuritas del pesebre hubieran desaparecido como por arte de magia.

Al poco surgieron de entre las ruinas varios hombres que cargaban sobre parihuelas tres cadáveres seguido por media docena de mujeres que rezaban casi arrastrando a una anciana que suplicaba que la enterraran a ella pero le devolvieran la vida a su nieto.

No hubo tiempo para ver mas; los muertos se impacientaban.

Descargamos las botellas de aire comprimido, nos enfundamos en unos primitivos trajes que apenas nos protegían de las gélidas aguas y como jefe de equipo me correspondió el dudoso honor de ser el primero en sumergirme.

Un agua sucia, fangosa, grasienta y maloliente me ascendió por las piernas, la cintura, luego el pecho y al fin el cuello por donde se filtró al interior del traje, y la cabeza pareció querer estallarme en el momento en que comencé a flotar.

Una barcaza metálica con seis militares a bordo me seguía mientras cientos de ojos me observaban desde la orilla.

Avance unos cien metros sentí náuseas y me oriné no a causa del miedo, que era mucho, sino porque de ese modo el agua que se había acumulado entre mi cuerpo y el traje se calentaba lo que me producía un cierto alivio.

Me sumergí rumbo a la nada, el barro en suspensión hizo que a los diez metros todo fuese borroso y al llegar a los veinte el agua era ya tinta china por lo que empuñé el cuchillo y continué con el brazo extendido visto que no tenía ni la menor idea de contra qué podía chocar.

Antes de llegar a los treinta advertí que la hoja penetraba en algo blando; era el barro del fondo, avancé agitando el brazo, me golpeé en el muslo contra lo que parecía una viga y tras analizarla llegue a la conclusión de que se trataba del palo de una carreta.

Continúe mi marcha tropezando con infinidad de objetos irreconocibles hasta que de pronto algo vivo me rozo la mejilla. Quede como paralizado; volvió el contacto, como de uñas muy frías y tan solo entonces comprendí que se trataba de una trucha.

A los quince minutos temblaba, el calor de los orines había desaparecido, un agua que a treinta metros de profundidad estaba a menos de dos grados se introducía bajo el traje a mayor presión, el corazón me latía con tanta fuerza que amenaza con salir flotando por su cuenta y comprendí que estaba a punto de perder el sentido.

Decidí ascender; el cielo estaba triste y gris, con nubes bajas, pero jamas me había parecido tan hermoso.

Allí justo donde las burbujas de aire que había ido expulsando reventaban al llegar a la superficie me aguardaba la barcaza. No podían tocarme porque el dolor hubiera resultado insoportable, por lo que me sujetaron por el cinturón de tal modo que pudiera introducir las agarrotadas manos en un caldero de agua caliente.

Poco a poco comencé a reaccionar y cuando me izaron a bordo me quede inerte, desmadejado y roto, incapaz de pensar en nada que no fuera el hecho de que había conseguido regresar del averno.

Una semana mas tarde comprendí que nos estábamos jugando la vida sin obtener mas premio que un brazo, una pierna o incluso una cabeza desprendida del cuerpo y era mas el dolor que causábamos a los familiares que el consuelo que podría significar enterrar a sus deudos, por lo que decidí que regresáramos a casa.

He conseguido alejar de mi mente las imágenes de un pueblo arrasado hasta que me llamaron de Televisión Española señalando que pretendían grabar un programa dado que se cumplían cincuenta años de la tragedia y deseaban entrevistarme.

Acepté pero elegí conducir a solas por lo que ahora era una magnifica autopista que me condujo a un lago tan cuidado y hermoso que poco o nada tenía que ver con el espanto de aquellas tétricas jornadas.

Tuve la extraña sensación de que no era el mismo lugar, ni eran las mismas gentes y ni tan siquiera yo era el mismo.

Cuando, con las cámaras instaladas a orillas del agua, el entrevistador me preguntó que había experimentado en el momento de hacer aflorar a la superficie pedazos de cadáveres putrefactos, los recuerdos que había logrado encerrar bajo llave en un cajón de mi memoria durante medio siglo me asaltaron, y por primera vez en mi vida me quedé sin palabras al tiempo que las lágrimas que había conseguido retener años atrás brotaron sin remedio.

Con un gesto le supliqué al equipo de filmación que aguardara intentando recuperar el habla, y en ese instante, a las tres de la tarde, sin razón aparente ni explicación lógica alguna, llegó muy claro, deslizándose sobre la quieta y plomiza superficie del lago, el sonoro, oscuro y tétrico repicar de una campana llamando a muerto.

Nunca he creído en nada que se refiera al mas allá o a la existencia de otra vida, pero en aquel momento me quedé atónito, sobrecogido por el espanto y con los vellos de punta.

¿Por quien sonaban las campanas?

Tal vez por mí, aunque prefiero imaginar que sonaban porque quienes continúan allá abajo agradecían que medio siglo atrás nueve muchachos hubieran intentado que pudieran descansar en un lugar más tranquilo, cálido y acogedor que unas aguas fangosas.

27 comentarios

  1. el anónimo de siempre
    el anónimo de siempre 17 de January de 2009 at 2:06 .

    Simplemente estremecedor. Su relato me ha resultado impactante y, más aun, después del documental de RTVE del programa Documentos TV que, por otra parte, agradezco mucho que lo haya incluído en su web para que pueda ser visto por cualquier visitante que no lo vió en su día, como yo.

    Supongo que su vida habrá estado envuelta siempre de hechos impactantes que en cualquier persona hubiesen dejado marca para el resto de los días. Y también supongo que a usted le habrá marcado, pero parece ser una persona muy entera y sobrepuesta a cualquier eventualidad de su vida.

    Un saludo y mucho ánimo señor Alberto Vázquez-Figueroa.

    el anónimo de siempre

  2. Reithor
    Reithor 17 de January de 2009 at 4:51 .

    Pues si, vaya relato, una vivencia impresionante. Me he quedado alucinado, no sabía nada de dicho suceso en Sanabria. Una pena, aunque sea 50 años tarde.

    Un saludo

    Reithor

  3. Dersa
    Dersa 17 de January de 2009 at 9:45 .

    Quién diría que en ese paraje, en el que pasé unos días hace ya unos ocho años, había sido el escenario de semejante tragedia. Usted, siempre nos deleita con su forma de escribir, incluso para la tristeza, gracias por transformar hasta lo monstruoso en arte, una ayuda a nuestras mentes ante la dejadez y crueldad humana…como todos aquí, admiradores de su pluma. Con mi sonrisa un saludo.

  4. Nali
    Nali 17 de January de 2009 at 13:21 .

    Al ser más joven yo también desconocía este hecho, pero le aseguro que me ha estremecido. Imagino que aunque usted ha vivido mucho hay cosas que, por desgracia, nunca se olvidan, sobre todo si pasan siendo uno joven (son los hechos que nos marcan de por vida). Pienso que estarán muy agradecidos de que 50 años más tarde todavía se les recuerde.
    Gracias por compartirlo con nosotros. Le mando un saludo.

  5. Sonia
    Sonia 17 de January de 2009 at 15:20 .

    No conocía la desgracia de Ribadelago y me quedé pegada a la televisión cuando vi el reportaje. Hay sucesos que impresionan pasen los años que pasen desde que se producen y que sobrecogen el alma. Me emocioné con las imágenes y con su propia emoción y de pronto, el tañido lento y profundo de la campana que también escuché, me pareció un mensaje de agradecimiento cincuenta años después.Comprendo la fuerte impresión que le pudo producir aquel sonido pero guárdelo en su corazón como algo bueno.
    Un abrazo Alberto.

  6. Blanca Miosi
    Blanca Miosi 17 de January de 2009 at 18:26 .

    Estimado Alberto:
    Su manera de relatar los hechos cincuenta años después de la tragedia es muestra de lo vívido que quedó la experiencia en su mente. Las campanas que escuchó eran sin duda un claro homenaje a su valentía en tan desdichado momento.

    Nunca sabremos por quién doblan las campanas, ellas doblan por uno, en el momento en el que ya no las podemos escuchar.

    Un afectuoso saludo,
    Blanca

  7. Marisa L.
    Marisa L. 17 de January de 2009 at 22:35 .

    Su labor y valentía son dignas de alabanza.
    Una vez más nos ha demostrado que usted,es alguien muy grande.
    Mucho ánimo desde Ciudad Real.
    MLS

  8. José Mas
    José Mas 18 de January de 2009 at 12:36 .

    Dramático, conmovedor y atroz relato del que nos ha hecho partícipes.

    No se cómo ver el documental que RTVE emitió en su día…¿me podría informar cómo acceder a él?.

    Un cordial saludo y muchas gracias.

  9. Mikel
    Mikel 19 de January de 2009 at 11:59 .

    Maestro, es usted un ser humano.

  10. Mikel
    Mikel 19 de January de 2009 at 12:00 .

    Las campanas ya sabe, sonaban por ellos, por usted, por los palestinos, por nosotros, por toda la humanidad…

  11. Diego
    Diego 19 de January de 2009 at 13:29 .

    Buenos días, yo si conocia el suceso del lago de Sanabria (a pesar de mi juventud) donde tantos veranos hemos ido mi familia y yo a bañarnos (dado que mi madre es de un pueblo de la provincia de Zamora). Lo que desconocia era tal magnitud y por otro lado que usted hubiera estado como submarinista en aquel suceso. Me interese por su biografia tras ver una entrevista en Telemadrid sobre una de sus obras hace poco y me llamo la tencion su forma de expresarse en dicho medio. Aun se me ponen los pelos de punta al recordar el sonido de las campanas. Un grato saludo.

  12. Claudia
    Claudia 20 de January de 2009 at 15:01 .

    Estimado Alberto,

    Necesito hablar urgentemente con usted para unas jornadas por la erradicación de los niños soldados que se realizarán en Madrid a principios de Febrero.

    Soy periodista y ayudo en las tareas de comunicación de la Coalición Nacional por la Eliminación de los Niños Soldados. Su libro COLTAN es de sumo interés para abordar el tema.

    Por favor, escribame al correo proporcionado.

    Mil gracias,

    Fundación EL COMPROMISO.

  13. José María
    José María 21 de January de 2009 at 10:59 .

    Estimado Alberto, coincidimos en las jornadas del Pretexto Covarrubias -en el que también, salvando distancias, fui ponente-. No conocía tu faceta de submarinista y viene al caso porque una serie de arqueologos, medios de comunicación que no les da miedo el compromiso y gente implicada en la defensa de la cultura -que la hay-, e incluso algún abogado como yo estamos en una apasionante batalla por defender el patrimonio histórico sumergido español. En la “tripulación” nos falta alguien que no le de miedo “mojarse”. Me gustaría que me contactaras y contarte un poco más. Gracias por blog y tu atención.
    Un abrazo.
    José M. Lancho

  14. a Vazquez-F
    a Vazquez-F 21 de January de 2009 at 19:48 .

    ¿Y donde te contacto?

  15. José María
    José María 22 de January de 2009 at 12:15 .

    Perdona Alberto, creí que te aparecería mi correo electrónico. Mi teléfono es el 645973374, si prefieres por correo electrónico el jmcamelot@gmail.com
    Un abrazo
    José M. Lancho

  16. Iván
    Iván 23 de January de 2009 at 12:38 .

    Hola Alberto:

    Perdona que te tutee pero el hecho de seguirte desde hace años me hece sentir como si te conociese.

    Tu relato de lo ocurrido en Sanabria me ha dejado con lo vellos de punta. Te agradezco que como en otras ocasiones me hayas permitido estar allí.

    Un saludo
    Alguien que se aficiono al submarinimo tras leer “Bajo siete mares”

  17. Antonio Gustavo
    Antonio Gustavo 23 de January de 2009 at 13:32 .

    Hola Alberto:

    Soy zamorano y he pasado los mejores veranos de mi juventud dando patadas por todos los rincones de Sanabria. He pasado noches en Vega de Tera (Presa rota)y en tantos otros lugares…

    Muchas son las veces que he bajado el cañón en el cual se ven a gran distancia del dique restos del mismo. Impresiona sentir en el lugar la fuerza del agua.

    La más fuerte de todas las corrientes, la del tiempo, hace que hoy todo sea, afortunadamente, vida.

  18. silvia
    silvia 23 de January de 2009 at 20:27 .

    Creo que el alma nunca llega a curtirse del todo y por eso a pesar de lo mucho vivido todavia quedan lagrimas sobre todo por los inocentes.

  19. Silvia
    Silvia 24 de January de 2009 at 21:04 .

    En las condiciones que recuperaron los cadáveres, de no ser que ha sido un hecho real, pensaría que es de ciencia ficción que los buzos no hubiesen muerto.
    2ºC y un traje húmedo, no sé qué os motivó. No lo entiendo, no me lo imagino. No he estado tan cerca de la muerte…

  20. Clemen Rock
    Clemen Rock 24 de January de 2009 at 23:18 .

    Hola, Alberto, gracias por poner tal documental que no había visto en la cadena cuando se emitió, con lo que hemos podido conocer unos tristes hechos.

  21. Aurora
    Aurora 27 de January de 2009 at 17:54 .

    Estimado D Alberto.
    Yo soy de Ribadelago y tengo los recuerdos más bonitos de mi vida:los de mi infancia y adolescencia viviendo allí y los de vacaciones en la actualidad. Mi padres y tres hermanos sobrevivieron a la tragedia.He crecido con los relatos escalofriantes de aquella noche pero no sabía que usted pertenecía al equipo de buceo.Quería preguntarles si usted ha escrito algún libro sobre aquello y como se titula.
    Desconozco si a través de aquí podemos seguir en contacto.Mi correo es APUENTE9@HOTMAIL.ES

    Atentamente

  22. David
    David 28 de January de 2009 at 14:24 .

    Estimado Alberto:
    Muchas gracias por aportar su testimonio en el documental de Ribadelago. Soy de un pueblo de Sanabria, y desde pequeño he conocido esta tragedia. Debió de ser algo terrible en aquel momento, y estos últimos dias ha habido un gran interés por lo sucedido entonces. Desconocía que usted hubiera participado en aquellas tareas y, como lector y admirador suyo que soy, me produjo una grata sorpresa verle en el documental.
    Gracias de nuevo por su testimonio.
    Un afectuoso saludo.

  23. juan pedro
    juan pedro 9 de February de 2009 at 20:28 .

    Estimado Alberto
    Soy un admirador de su obra, estoy buscando su ultima novela SAUD EL LEOPARDO en las librerias de S/c. de Tenerife y no la encuentro, hay algun motivo por el que no estan en las librerias de la isla.
    Un saludo

  24. Yolanda
    Yolanda 4 de June de 2009 at 0:09 .

    Querido Alberto:
    Este relato lo escuché el domingo pasado en el programa Cuarto Milenio. Le vi los ojos vidriosos y pese a lo mucho que me gusta escucharle hablar, me emocioné y lloré. Las immágenes eran aterradoras y un escalofrio recorrió mi espalda al oir el sonido de las campanas. Ahora al leerlo he vuelto a sentir lo mismo. Gracias por compartirlo con todos nosotros. Un abrazo.

  25. Yolanda
    Yolanda 4 de June de 2009 at 0:12 .

    Querido Alberto:
    Este relato lo escuché el domingo pasado en el programa Cuarto Milenio. Le vi los ojos vidriosos y pese a lo mucho que me gusta escucharle hablar, me emocioné y lloré. Las immágenes eran aterradoras y un escalofrio recorrió mi espalda al oir el sonido de las campanas. Ahora al leerlo he vuelto a sentir lo mismo. Gracias por compartirlo con todos nosotros. Un abrazo desde Vilanova i la Geltrú. Barcelona.

  26. Isabel
    Isabel 28 de July de 2009 at 18:03 .

    :) Vi su entrevista en Cuarto Milenio sobre Ribadelago. Como escarpias tenía el vello, igual que hace dos noches con sus testimonios sobre las guerras y aquel capítulo que contó sobre los cadáveres franceses en los ataúdes y cómo arriesgaron su vida por nada. Qué duro… ¿cómo se puede seguir viviendo con imágenes como esas y aún peores en la mente?

  27. José Antonio Hernández Mesa
    José Antonio Hernández Mesa 27 de January de 2017 at 18:02 .

    Le admiro desde hace muchísimos años,he leído casi todos sus libros digo casi, por que solo me faltan dos. He tenido en mis manos y leído su proyecto de las desaladoras. Y tengo el placer de tener varios libros dedicados por usted y conocerle personalmente gracias a un amigo en común nuestro, cuyo nombre no haré mención por razones de discreción ya que no sé si le gustará que lo nombre.
    Es usted una persona muy valiosa y le deseo todo lo mejor y que siga deleitándonos con su forma de escribir muchos años más.
    Reciba un cordial saludo.

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