NADIE PUBLICARIA…

NADIE PUBLICARIA…

-Todos sabíamos que en cuanto la presa se llenara se vendría abajo porque los materiales eran de pésima calidad y contrataban a ineptos siempre que estuvieran dispuestos a trabajar por un salario de hambre.

Observe al hombre de rostro famélico y manos encallecidas que había acudido a sentarse al otro lado de la pequeña hoguera junto a la que estaba intentado entrar en calor, y aunque en aquellos momentos no me apetecía hablar comprendí que tenía la obligación de escucharle.

Acababa de participar en una de las inmersiones más dramáticas de mi vida descendiendo a treinta metros de profundidad en un agua a tres grados, fangosa, maloliente y sin la menor visibilidad y lo único que había encontrado eran trozos de cadáveres, por lo que encontraba agotado, desolado, asustado y deprimido.

No obstante los ojos y la expresión de aquel hombre me hicieron comprender que cuanto yo pudiera sentir no era nada frente a lo que estaba padeciendo.

-¿Ha perdido algún familiar en la tragedia?- quise saber.

-Cinco. ¿Contara en su periódico lo que siente alguien que no fue capaz de denunciar lo que estaba ocurriendo o no se decidió a llevarse muy lejos a sus hijos evitando que el mundo se les viniera encima?

Aquella era una pregunta de imposible respuesta; yo había acudido a Ribadelago formando parte del equipo de submarinistas que debían recuperar los cadáveres que habían quedado sumergidos a causa de la riada, pero al mismo tiempo era el enviado especial de “El Alcázar”, un periódico del que me constaba que no aceptaría ninguna información que pusiera en entredicho al régimen franquista.

Medio siglo atrás la censura era implacable y aun me faltaban cinco meses para acabar la carrera.

Una palabra equivocada y no me permitirían acabarla.

Observe largo rato las ruinas de lo que había sido un tranquilo pueblo, me horroricé una vez mas por la magnitud del desastre provocado por la avaricia, la prepotencia y la ineptitud humanas y seguí con la vista a una anciana que vagaba entre los escombros de lo que había sido su hogar durante casi ochenta años buscando algún recuerdo de sus nietos.

-Nunca publicarían lo que escribiera- dije al fin.

-¿Nunca?- repitió con amargura.

Han pasado cincuenta años, ahora lo publicarían, pero lo cierto es que no llegue a saber lo que sentía aquel hombre por no haberse atrevido a decir la verdad.

Miento; si lo sé porque tampoco yo me atreví a decirla.

16 comentarios

  1. Jose
    Jose 8 de February de 2009 at 14:19 .

    Más vale tarde que nunca.

    No siempre se puede, está claro. Una cosa es ser valiente y otra muy distinta e insensata es ser un inconsciente. Ni son los mismos tiempos ni tú ya eres el mismo. Hoy todos sabemos que sí te atreves; con esto y con lo que te echen. . . a pesar de los pesares.

    ¡Bravo por tu valentía y por tu ejemplo!

    Un afectuoso saludo.

  2. Reithor
    Reithor 8 de February de 2009 at 17:17 .

    Algunas historias no son adecuadas para las páginas de actualidad diaria, pero sí lo son para la posteridad de la historia y acaban por ser contadas años, décadas y a veces siglos después de cuando ocurrieron. Al fin y al cabo dar luz sobre errores del pasado es la mejor manera de poner cimientos en que no se repitan.

    Un saludo

  3. Marisa L.
    Marisa L. 8 de February de 2009 at 19:20 .

    Nunca es tarde.
    No te atormentes, usted no cometió ningún error, sólo que las circunstancias no le favorecían.Hizó bien.
    Gracias por su histora, por su sabiduría y por escribir tan dichosamente bien.

    Un cariñoso saludo…

  4. broustenac
    broustenac 8 de February de 2009 at 23:48 .

    Me imagino que si decidió no decir la verdad fué porque no habría ninguna posibilidad de que saliese a la luz “lo que todos sabían”, de que realmente algo pudiera cambiar. La censura en un régimen despota y cruel, enfrente la verdad. A veces no es de cobardes el no atreverse. Yo creo que la desesperanza puede contra todo, hasta con los valientes bondadosos.
    Un saludo y feliz 2009

  5. Dersa
    Dersa 9 de February de 2009 at 11:07 .

    Buenos días, creo que las personas debemos asumir nuestros errores, cobardías, aprender de ellos, y procurar que no vuelvan a ocurrir, pero…si fuera afgana, no se me ocurriría quitarme la burka, por muy revolucionaria que fuera, porque me asesinarían, sin embargo si intentaría desde los más secreto, aleccionar o informar a otra mujeres de sus principios y libertades. No siempre se puede ir con la verdad por delante, ni es necesario ser un camicace, es parte de la vida, a veces gritar, a veces callar, y también es parte del momento que nos toca vivir, porque la libertad y la democracia, siguen siendo muy relativa..feliz semana.

  6. Gabriel Milman
    Gabriel Milman 9 de February de 2009 at 17:02 .

    Quisiera conecatrme nuevamente con A. Vazquez Figueroa. Cuando estaba en Israel en el año 1976, me devoraba sus novelas y le envié una carta de salutación que el amablemente me contestó y aún conservo. Han pasado más de 40 años y guardo un cálido recuerdo de él como un notable escritor que alegró y eneseñó muchas horas de mi vida junto a numerosos cambios positivos que indirectamente me provocó.
    Saludos cordiales y espero respuesta
    Gabriel

  7. Adoración G.
    Adoración G. 9 de February de 2009 at 17:27 .

    Una vez escuche que uno cuando toma una decisión es la que mejor que puede tomar en ese momento porque no andamos escogiendo las peores, solo que con el tiempo tomamos perspectiva y lo vemos “algo diferente” pero ya no pertenecemos a ese tiempo pasado ni a esa decisión.La ventaja de esa perspectiva es que algunos como Ud. Alberto, aunque sea despues de cincuenta años, pone voz y palabras para los que no han podido explicarlo más. Me alegra que terminara periodismo y que eso le diera la oportunidad de haber viajado y vivido experiencias que solo Ud sabe contar y me alegro que las deposite en novelas que además de entretener hacen reflexionar . Lo que nos hubieramos perdido de no haber sido así. No podía dar vida a los muertos pero si que ha hecho que tengan su lugar en la memoria de la España de los 60.
    Yo también me he bañado en las aguas de ese Lago y solo sabiendo lo que explica la losa que recuerda a las victimas de esa noche no podía entender porque me asustaba bañarme si me apartaba de la orilla e iba hacia el centro. Ahora comprendo la magnitud de la tragedia. Gracias por hacernos de memoria.
    Adoración.

  8. 100FUEGOS
    100FUEGOS 9 de February de 2009 at 23:40 .

    Sin duda, se necesita valor para decir la verdad. Pero pienso, que se necesita ser aún más persona para tener encerrado en el recuerdo un “secreto” que otros/as hubieran escondido en el Ático de su memoria. ¿Para que? para sentirse mejor, para que su conciencia les deje evolucionar.

    Pero tú has hecho -para mí- algo más grande. Has evolucionado con ese “pesar”. Y después de haber sido persona, has tenido el Valor para contarlo. Si en aquel momento hubieras decidido tener primero el Valor para ser persona, quizás no te hubieran dejado serla por mucho tiempo.

    La de aquél entonces, eras tú, pero también otra persona. Espero que tu escrito no sea un reproche a esa otra persona, porque lo que hizo es una de las casi infinas combinaciones y decisiones que te han llevado a ser quien eres. Un maestro para muchos de nosotros. Un granito de arena para hacer un mundo mejor y con una conciencia objetiva para todo el mundo. Gracias por ser quién eres y gracias por ser quien has sido.

  9. Laura
    Laura 10 de February de 2009 at 1:11 .

    Disculpen mi ignorancia, pero, este texto, ¿pertenece a alguna novela?¿donde se puede leer completo si no es así?.
    Gracias

  10. Fuencarral
    Fuencarral 10 de February de 2009 at 16:45 .

    ¿Y esa verdad que para mi es un recuerdo borroso –tenía 12 años– y que en su día no se pudo publicar en toda su magnitud y señalando culpables, no es lo que está sucediendo HOY con los atentados de Atocha?

  11. Blanca Miosi
    Blanca Miosi 10 de February de 2009 at 18:46 .

    “Miento; si lo sé porque tampoco yo me atreví a decirla.”

    Son exactamente las palabras que vinieron a mi mente antes de subir un poco el recuadro y leerlas.

    Hay momentos en la vida en los que debemos escoger entre dos caminos. Y no siempre uno de ellos será la respuesta correcta.

    En este caso, el tiempo tuvo la razón.

    Un abrazo,
    B

  12. el anónimo de siempre
    el anónimo de siempre 11 de February de 2009 at 21:00 .

    #9 A Laura:
    ¿Qué quieres decir?. Este es el blog del señor Alberto y él publica aquí sus entradas periódicamente. Personalmente las recibo en mi email gracias a la suscripción que ha incluído el señor Alberto.

    Saludos. el anónimo de siempre

  13. La Balaustra
    La Balaustra 16 de February de 2009 at 20:20 .

    Quiénes tuvieron que padecer la represión franquista saben perfectamente que la censura implicaba más que una simple negativa a publicar…

    La publicación de esta entrada no hace sino confirmar la admiración que ya sentía hacia el escritor y que traslado hacia la persona.

    Me es dificil saber que es lo que haría en la situación que describe, pero es más que probable que hubiese actuado igual.

    Mi felicitación sincera.

  14. mª Luisa San José A.
    mª Luisa San José A. 20 de February de 2009 at 11:51 .

    Yo estoy de acuerdo con lo que dice José no eran tiempos para ser valiente con denuncias que no te publican .

    Yo sigo pensando que siempre has sido un valiente

    Un abrazo

    Mª LUISA

  15. Rafa
    Rafa 31 de May de 2009 at 23:53 .

    Gracias por etar de nuevo en “Cuarto Milenio”. Ha sido un placer escucharle de nuevo.

  16. chemary
    chemary 5 de September de 2009 at 18:57 .

    Belle-île-en-mer, 17 de julio del año de gracia de 1685.

    Al Señor de Louvois en su Palacio de París.

    Su Majestad:
    Hay algunos trabajos en los últimos años que no se han terminado, y que no se terminarán, por la confusión que causan las frecuentes rebajas que se hacen en sus obras, pues es cierto que todas esas rupturas de contratos, incumplimientos de palabra y renovaciones de adjudicación no sirven a Vos mas que para atraer como contratistas a los miserables que no saben donde tienen la cabeza, a los pillos y a los ignorantes, y para ahuyentar a aquellos que son capaces de dirigir una empresa. Yo digo más, y es que aquellos que retrasan y encarecen cuantiosamente las obras no son más que rufianes, porque esas rebajas y economías tan buscadas son ficticias, y por tanto son contratistas que pierden y, como un naúfrago que se ahoga, se agarran a todo lo que puede: ahora bien, agarrarse a todo lo que se puede en el oficio de contratista es no pagar a los suministradores de los materiales, dar salarios bajos a los trabajadores, robar todo lo que se puede, tener a los peores obreros porque estos le ofrecen mejores tratos que los otros, usar siempre los materiales más baratos, buscar disputas sobre todas las cosas y siempre pedir misericordia contra esto y aquello.

    Y de ahí bastante Su Majestad, para hacerle ver la imperfección de esa conducta; abandónela pues, y en el nombre de Dios, reestablezca la buena fe, pague el precio justo por sus obras y no niegue nunca el honesto salario de un contratista que sepa cumplir con su deber, este será siempre el mejor acuerdo que podréis hallar.

    En cuanto a mi, Su Majestad, os quedo verdaderamente reconocido de todo corazón. Vuestro muy humilde y obediente servidor,
    Vauban.

    (Sèbastien Le Prestre de Vauban (Saint-Lèger-de-Fougeret, 1633-París, 1707), fue un militar, ingeniero y economista francés, que sobre todo destacó en el campo de la ingeniería militar como conquistador y constructor de fortificaciones.)

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