Hace años decidí enviar gratuitamente mis libros por este medio a quien lo necesitase.
Ahora he descubierto que algunos se han dedicado a comercializarlos en la red.
Un escritor puede perder la fe en los politidos, en las editoriales y en el sistema en
general, pero cuando lo pierde en sus lectores no le queda esperanza alguna
a la que aferrarse



